25 de febrero de 2026
La economía se ha convertido en un eje crítico del bienestar para todas las generaciones, desde la infancia hasta la etapa senior, pero aunque el dinero sigue siendo relevante, únicamente el 15,3% lo identifica como su principal motor de bienestar actual, muy por detrás de la familia y el equilibrio vital El informe Bienestar Extendido 2040 de Espacio Futuro revela que la capacidad de ahorro, la estabilidad financiera y las oportunidades de empleo son percibidas como algunas de las dimensiones más frágiles del bienestar actual, especialmente entre adultos y adolescentes En conjunto, las conclusiones advierten de un escenario donde la economía deja de ser un indicador abstracto para convertirse en un determinante emocional y vital que atraviesa por igual a todas las generaciones Madrid, 25 de febrero de 2026.- La incertidumbre económica emerge como uno de los principales factores de estrés y un freno clave para el bienestar presente y futuro en todas las etapas vitales. Así lo asegura el informe Bienestar Extendido 2040, elaborado por Espacio Futuro, el think tank del Grupo SANTALUCÍA, a través de un análisis pionero que integra datos cuantitativos, escucha social de todas las generaciones y prospectiva para entender cómo las nuevas generaciones aprenderán, se relacionarán y construirán su bienestar en los próximos 15 años. Las encuestas realizadas muestran que la capacidad de ahorro y la estabilidad financiera se encuentran entre las áreas con peor percepción de bienestar en la población, independientemente de la edad. Tanto adultos como seniors identifican la economía como una de las categorías donde sienten menor control y mayor vulnerabilidad, al tiempo que la perciben con escasas expectativas de mejora a medio plazo. De hecho, en la fotografía del bienestar social, la capacidad de ahorro (2,6/5) y las oportunidades de empleo (2,6/5) son las dimensiones peor valoradas por la población. Adultos, seniors y adolescentes: diferentes miedos, misma fragilidad En la etapa adulta, la estabilidad financiera es una de las dimensiones peor valoradas dentro del bienestar individual, situándose sistemáticamente por detrás de la salud mental y el acceso a la tecnología. Además, es también uno de los ámbitos donde menos optimismo existe de cara a los próximos años, reflejando un clima de incertidumbre económica sostenida. En esta línea, para las familias, la economía solo ocupa el 12% de las menciones sobre aquello que más mejorará el futuro de sus hijos; por encima se sitúan las relaciones (20%) y la educación y el desarrollo personal (18%). Entre los seniors, el informe señala que la autonomía financiera es una de las grandes preocupaciones para su bienestar. El miedo a la dependencia económica y la falta de claridad sobre los recursos necesarios para mantener una vida digna marcan esta etapa, acentuando la importancia de modelos económicos estables y previsibles para el envejecimiento futuro. Por su parte, los adolescentes consideran que la economía condicionará profundamente su bienestar en los próximos 15 años, especialmente por la dificultad de acceder a empleo, vivienda y estabilidad financiera. Para ellos, las oportunidades laborales futuras son una prioridad clave en la categoría “economía”, situándose entre los factores que más influirán en su bienestar futuro. La economía del bienestar en un contexto de transición El informe destaca que, tradicionalmente, el progreso económico se ha medido a través del PIB, un índice que deja fuera dimensiones cruciales para la vida de las personas. En respuesta, el análisis apuesta por nuevos modelos multidimensionales donde la economía no sea un fin en sí mismo, sino un soporte para el bienestar físico, emocional, social y educativo de la ciudadanía. En este sentido, Espacio Futuro advierte que el futuro económico estará atravesado por cambios en el empleo y la disponibilidad de oportunidades laborales, una de las categorías donde la población muestra mayor pesimismo respecto al futuro; por la necesidad de reforzar la educación financiera como herramienta de autonomía y resiliencia, especialmente en adolescentes que empiezan a explorar su independencia económica; así como por un escenario de mayor volatilidad económica que exige repensar las políticas de protección para garantizar estabilidad a lo largo del ciclo vital. Agentes públicos y privados deben orientar sus políticas hacia el bienestar económico social Con todo ello, de cara a 2040, Espacio Futuro propone que las políticas públicas y las estrategias corporativas coloquen el bienestar económico de las personas en el centro de sus decisiones. Esta orientación no solo responde a la percepción ciudadana recogida en las encuestas, sino también a las profundas brechas de bienestar económico detectadas entre generaciones. En primer lugar, el informe subraya la importancia de impulsar la educación financiera desde edades tempranas, una demanda que emerge con especial intensidad entre adolescentes, quienes consideran que la economía condicionará profundamente su bienestar futuro. La encuesta revela que esta generación ve su autonomía amenazada por la dificultad de acceder a empleo, vivienda o estabilidad financiera, situando las oportunidades laborales futuras como uno de los aspectos que más ansiedad les genera de cara a los próximos 15 años. La escucha cualitativa refuerza esta preocupación: los adolescentes manifiestan sentir presión por expectativas heredadas, tales como independizarse, pagar un alquiler o planificar un futuro económico, que perciben “casi imposibles” de cumplir en el contexto actual. Darles herramientas financieras básicas no es solo una cuestión educativa, sino una estrategia preventiva frente al estrés y la frustración generacional. En segundo lugar, el informe evidencia que la dificultad para ahorrar es un problema transversal a lo largo del ciclo vital. Las encuestas muestran que la capacidad de ahorro y la estabilidad económica son dos de las dimensiones peor valoradas del bienestar actual en todas las generaciones, especialmente entre adultos, que puntúan ambas categorías entre las más bajas dentro de su bienestar individual. Además, se trata de áreas donde existe muy poco optimismo de mejora de cara al futuro, reflejando un clima prolongado de incertidumbre económica. Padres, adultos jóvenes y seniors coinciden en señalar que la falta de un colchón financiero limita decisiones vitales, desde emprender hasta afrontar gastos imprevistos o planificar la jubilación. Por ello, Espacio Futuro plantea el diseño de soluciones de ahorro adaptadas a las distintas etapas vitales, que permitan construir estabilidad sin sobrecargar los recursos presentes. Asimismo, garantizar un sistema laboral que genere estabilidad y oportunidades reales se proyecta como una prioridad inaplazable. La disponibilidad de empleo aparece de forma sostenida como una de las categorías peor valoradas del bienestar social, con especial pesimismo entre adultos y seniors, quienes perciben pocas posibilidades de mejora en los próximos años. La incertidumbre laboral no solo afecta a la seguridad económica, sino que impacta directamente en el bienestar emocional, la planificación familiar y las expectativas de futuro. De ahí que el informe proponga repensar políticas de empleo, promover itinerarios de reskilling y upskilling y fomentar sectores emergentes que puedan absorber talento joven y senior. Finalmente, se señala la urgencia de asegurar pensiones sostenibles y modelos de envejecimiento financiero responsable, ya que los seniors declaran la autonomía económica como una de sus mayores preocupaciones. El estudio muestra que esta generación teme la dependencia y la falta de claridad sobre los recursos necesarios para vivir con dignidad, reclamando mayor transparencia y modelos de planificación accesibles para gestionar su madurez financiera con seguridad. Economía percibida como experiencia emocional En conjunto, la evidencia recogida en el informe confirma que la economía ya no es percibida como un mero indicador macroeconómico, sino como una experiencia emocional que condiciona la tranquilidad, la salud mental y la capacidad de tomar decisiones de todas las generaciones. Por ello, Espacio Futuro insiste en que la construcción de un bienestar económico sostenible exige políticas centradas en las personas, con soluciones adaptadas a cada etapa vital y con una visión integradora de educación, empleo, ahorro y protección social. “La economía ha dejado de ser un indicador macro para convertirse en una experiencia emocional. El bienestar financiero afecta a la tranquilidad, a la salud mental y a las decisiones vitales de todas las generaciones. Si queremos una sociedad más estable y resiliente en 2040, debemos construir políticas económicas centradas en las personas y en su capacidad real para sostenerse a lo largo de la vida”, asegura José Ignacio Conde-Ruiz, experto en Economía de Espacio Futuro, presidente del Foro de Expertos del Instituto Santalucía. PhD en Economía por la Universidad Carlos III y catedrático de la Universidad Complutense de Madrid. “Bienestar Extendido 2040” es el principal informe de prospectiva de Espacio Futuro, el think tank del Grupo SANTALUCÍA, de 2025. Elaborado a partir del análisis de señales de cambio, la construcción de escenarios y el contraste con relevantes expertos de distintas disciplinas, el informe ofrece una lectura integrada de los retos del bienestar con un objetivo claro: anticipar impactos y facilitar decisiones en el presente para construir un mejor futuro, tanto para la sociedad en su conjunto como para las empresas y las instituciones.