5 de agosto de 2026
El 47,6 % de los profesionales dispone de una flexibilidad baja o inexistente, pese a que más de ocho de cada diez reconocen que estas medidas mejoran su productividad y bienestar. Las mujeres salen peor paradas: el 26,3 % no tiene ninguna flexibilidad, frente al 19,5 % de los hombres. Vacaciones escolares, jornadas intensivas, cambios de horario, desplazamientos y dificultades para coordinar el descanso de los equipos. El verano vuelve a poner a prueba la capacidad de las empresas para ofrecer modelos de trabajo adaptados a las necesidades de su talento. Sin embargo, casi la mitad de los profesionales en España afronta el periodo estival con poca o ninguna flexibilidad laboral. Así lo revela el Estudio sobre Bienestar y Salud Laboral en España 2026, elaborado por Edenred , plataforma digital multisolución especializada en beneficios sociales y employee engagement . Según sus resultados, el 47,6 % de los profesionales trabaja con una flexibilidad baja o inexistente : un 24,9 % dispone únicamente de opciones limitadas y otro 22,7 % no cuenta con ningún tipo de medida. El dato cobra especial relevancia durante esta época, cuando las necesidades de conciliación se intensifican. No obstante, también refleja una realidad que se mantiene durante todo el año: una parte importante del talento sigue teniendo poco margen para adaptar sus horarios, reorganizar su jornada o gestionar de manera autónoma sus tiempos. Esta rigidez contrasta con lo que demanda el propio talento: más de ocho de cada diez profesionales vinculan las medidas de flexibilidad con una mejora de su productividad y bienestar. Del total de las personas encuestados en el estudio, más de la mitad (51,4 %) afirma que este factor impulsa de forma directa su motivación y rendimiento y hasta un 30,1 % reconoce que suponen una ayuda importante, aunque no sean el único factor determinante. Talento sénior y mujeres, las franjas con opciones menos flexibles La edad marca diferencias importantes. Los Baby Boomers, de 62 a 65 años, son el grupo con menor acceso a fórmulas flexibles: el 37,1 % no cuenta con ninguna medida. Entre la Generación X , de 46 a 61 años, el porcentaje alcanza el 25,9 %. En el extremo contrario, la Generación Z registra el mayor acceso a flexibilidad moderada o alta, con un 54,7 % , mientras que los Millennials les siguen de cerca con un 56,1 %. Precisamente , son los Millennials quienes más valoran su impacto: el 56,6 % afirma que la flexibilidad aumenta su motivación y rendimiento , lo que demuestra que adaptar la organización del trabajo no solo facilita la conciliación estival, sino que también puede mejorar el desempeño. Por otro lado, las mujeres se encuentran en posiciones más rígidas, con un 26,3 % que no dispone de ninguna flexibilidad , frente al 19,5 % de los hombres. Esta desigualdad resulta especialmente significativa en un periodo en el que la conciliación gana peso y la falta de autonomía sobre el tiempo puede incrementar la presión personal y profesional. El mapa de la flexibilidad: de Madrid a Galicia Las diferencias territoriales también se hacen visibles. La Comunidad de Madrid encabeza el acceso a modelos flexibles : el 64,7 % de los profesionales dispone de flexibilidad alta o moderada, mientras que solo un 17,6 % afirma no contar con ninguna medida. Madrid vuelve a destacar en la valoración de estas políticas: el 60,9 % asegura que aumentan significativamente su motivación y rendimiento, el porcentaje más alto entre los territorios analizados. En el extremo contrario se sitúa Galicia , donde apenas un 9,6 % disfruta de alta flexibilidad y el 34,5 % trabaja sin ninguna opción. La Comunidad Valenciana también presenta un porcentaje elevado de profesionales sin flexibilidad, con un 29,1 %. Más de la mitad del talento de las pymes tiene poca o ninguna flexibilidad El tamaño de la empresa es otro de los condicionantes que puede limitar la capacidad de adaptar las jornadas. Las microempresas lideran la alta flexibilidad , con un 33 %, por delante de las grandes compañías, con un 18,7 %, y de las pymes, con un 14,3 %. Las pymes presentan la situación más desfavorable. El 24,6 % de sus profesionales no cuenta con ninguna medida flexible y otro 28,8 % dispone únicamente de opciones limitadas. En total, más de la mitad del talento de estas compañías trabaja bajo modelos poco o nada flexibles. Hostelería y turismo, el sector con menos margen en plena temporada alta Las diferencias por sectores resultan especialmente relevantes durante el verano. Información y comunicaciones lidera la flexibilidad laboral: el 75,8 % de los profesionales dispone de medidas altas o moderadas y solo un 6,9 % no cuenta con ninguna. En el extremo contrario se encuentra hostelería y turismo, precisamente uno de los sectores con mayor actividad durante los meses estivales. Casi uno de cada tres profesionales, el 32 %, trabaja sin ninguna medida de flexibilidad . Aunque no todas las actividades pueden recurrir al teletrabajo, existen otras alternativas : planificación anticipada de turnos, posibilidad de intercambio, adaptación horaria, jornadas intensivas o mayor autonomía para organizar el tiempo. Medidas que pueden resultar especialmente relevantes en sectores sometidos a una mayor presión durante la temporada estival. “El verano hace más visibles unas necesidades que acompañan a los equipos durante todo el año. Las vacaciones escolares, los cambios de horario y la planificación del descanso ponen a prueba la capacidad de las empresas para adaptarse. La flexibilidad no consiste en aplicar la misma fórmula en todas las organizaciones, sino en ofrecer alternativas compatibles con cada actividad. Los datos muestran que hacerlo mejora el bienestar, la motivación y el rendimiento”, afirma Olga Zografou, directora de People & CSR de Edenred España. Avanzar hacia modelos más flexibles no es únicamente una cuestión de conciliación estival, sino también de competitividad y sostenibilidad empresarial. La adaptación de horarios, los beneficios sociales, la retribución flexible y las soluciones de bienestar permiten responder a las necesidades reales del talento, reducir la presión asociada a periodos como el verano y construir propuestas de valor capaces de fidelizar equipos durante todo el año.